Historia del río Miño

Historia del río Miño

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El río Miño es considerado el padre de todos los ríos gallegos. Con una longitud de 310 kilómetros, es el río más largo de Galicia, por donde discurre de forma íntegra. Realmente, en su tramo final forma la frontera natural con Portugal durante sus últimos 75 kilómetros, antes de desembocar en el Atlántico. Su cuenca es de 12 486 km². El Miño nace en el conocido como Pedregal de Irimia (Meira) y, tras recorrer esta provincia, pasa a la de Ourense, y finalmente llega hasta tierras pontevedresas. Su desembocadura se sitúa en A Guarda por la parte gallega y en Caminha por la parte portuguesa.

El origen del río Miño

El origen del nombre del río Miño no está nada claro. Se cree que la primera referencia escrita conocida es del siglo II. Concretamente en un texto del historiador romano Marco Juniano Justino en su obra Justini Historiarum Philippicarum Libri XLIV cuando habla de lo que entonces se conocía como Gallaecia y habla de minio. Pero la versión más extendida y consensuada es la que sostienen muchos autores de que el origen del nombre de Miño está relacionado con la raíz indoeuropea mein- (que significa caminar o fluir) o del término preindoeuropeo men-iyo-, que vendría a significar algo parecido a río montañoso.

Eso en cuanto a su origen etimológico pero si hablamos de su origen natural hay que hablar del Pedregal de Irimia. Se sitúa en el municipio de Meira, provincia de Lugo, a unos tres kilómetros del pueblo y es reconocible por el peculiar aspecto que tiene, con su río de piedras cuarcitas provenientes del período periglaciar. Como curiosidad cabe destacar que el origen del río Miño estuvo disputado muchos años entre esta zona y la laguna de Fonmiñá, situado en el municipio de A Pastoriza.

«Despois, no longo camiño

pol-a terra galicián,

es un meirego que marcha

camiño de Portugal.

Por eso, porqu-és meirego,

por eso te quero máis.

(¡ Quizabes tuas augas levan

as bágoas de miña nai!) 

Cando chegues, río galego,

ás costas de Portugal

rolando en limpas maréias

volta ás praias galiciáns.

¡Volve, río Miño, volve,

que o galego que se vai

po-los vieiros do mundo

sempre teima de voltar!»

(Extracto del poema Río Miño del poeta de Meira Avelino Díaz.)

El padre de los ríos gallegos

El Miño comienza su recorrido en la meseta de Lugo conocida como la Terra Chá. Tras algo más de sesenta kilómetros atraviesa la ciudad de Lugo, con sus famosas murallas romanas, y luego pasa por diversos embalses como el de Belesar y el de Os Peares, justo en la frontera entre las provincias de Lugo y Ourense. Es en este peculiar pueblo, entrada a la Ribeira Sacra y con territorios que pertenecen a cuatro municipios diferentes de dos provincias distintas, donde se une el agua del río Sil y el Miño se convierte en el más caudaloso de los ríos gallegos. También desemboca en este mismo punto el río Búbal, otro de los afluentes del Miño.

Tras pasar la presa de Velle, el padre de los ríos gallegos llega a otra capital de provincia, Ourense, donde marca el devenir de una ciudad dividida en dos por su cauce. Un poco más adelante, donde llega el agua del embalse de Castrelo, nos encontramos con el Balneario de Laias, que vigila de cerca el cauce del río. Siguiendo el camino hacia su desembocadura está el embalse de Frieira y otro de los puntos clave de la historia de Caldaria, el Balneario de Arnoia. Desde aquí en adelante, el río Miño comienza a marcar la frontera entre España y Portugal durante casi 80 kilómetros. Poco antes de su desembocadura en el océano Atlántico crea un bonito estuario en el que se juntan agua dulce y salada y que pone fin al recorrido de este río tan insigne.

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