Cada año, cuando llega el frío, reaparece la misma pregunta: ¿se queman más calorías en invierno? La idea está tan extendida que forma parte del imaginario popular, pero ¿qué dice realmente la ciencia?
La respuesta es interesante, sí existe un aumento del gasto energético, pero es más complejo de lo que parece y depende de varios factores fisiológicos. Y, además, el termalismo, tan presente en la cultura gallega y, sobre todo, en Caldaria, juega un papel más relevante de lo que solemos pensar.
En este post te contamos cómo responde el cuerpo al frío, qué mecanismos se activan, por qué sentimos más hambre y cómo los balnearios pueden convertirse en un aliado perfecto para equilibrar metabolismo, energía y bienestar durante los meses fríos.
El frío y el metabolismo: qué ocurre realmente en tu cuerpo
Cuando las temperaturas bajan, el organismo se ve obligado a mantener estable la temperatura interna, un proceso que consume energía. Aunque la creencia de que “en invierno necesitamos más calorías” está muy arraigada, los nutricionistas matizan que esto no implica que debamos comer más, sino que el cuerpo sí realiza un esfuerzo extra para conservar el calor.
Termogénesis: el motor interno que se activa con el frío
La termogénesis es la producción de calor corporal. En invierno, este mecanismo se intensifica para evitar que la temperatura interna descienda.
Este proceso implica:
- Aumento del metabolismo basal, ya que el cuerpo necesita más energía para mantener el calor.
- Mayor gasto energético en reposo, aunque no lo suficiente como para justificar grandes incrementos calóricos en la dieta, según advierten los especialistas.
La grasa marrón: una aliada silenciosa
La grasa marrón, o tejido adiposo marrón, es un tipo de grasa metabólicamente activa cuya función principal es generar calor quemando energía.
Estudios recientes señalan que la exposición al frío puede activar esta grasa, aumentando el gasto calórico de forma moderada.
Aunque no es un mecanismo que por sí solo produzca una pérdida de peso significativa, sí contribuye a que quememos más calorías en invierno de manera natural.
Temblor muscular: un recurso de emergencia
Cuando el frío es intenso, el cuerpo recurre al temblor, una serie de contracciones musculares rápidas que generan calor.
Este mecanismo:
- Incrementa notablemente el gasto energético, aunque de forma puntual.
- No es sostenible ni saludable como estrategia para “adelgazar”.
En resumen, sí, el frío incrementa el gasto energético pero no lo suficiente como para compensar excesos alimentarios o justificar una ingesta mayor. El equilibrio sigue siendo la clave.
¿Por qué sentimos más hambre en invierno?
Más allá del gasto energético, el invierno trae consigo cambios en el apetito y en la forma en que elegimos los alimentos.
Según análisis nutricionales recientes, el cuerpo puede interpretar el frío como una señal para incrementar la ingesta, lo que explica la tendencia a buscar comidas más calóricas y reconfortantes.
Esto se debe a:
- Cambios hormonales relacionados con la regulación del apetito.
- Necesidad psicológica de confort, especialmente en días cortos y oscuros.
- Mayor gasto energético, aunque moderado, que puede aumentar ligeramente la sensación de hambre.
Por eso, aunque quememos más calorías en invierno, también solemos comer más… y ahí es donde se rompe el equilibrio.
Cómo afecta el invierno al cuerpo más allá del metabolismo
El frío no solo influye en el gasto calórico. También provoca adaptaciones fisiológicas más amplias:
- Vasoconstricción: los vasos sanguíneos se contraen para conservar el calor.
- Cambios hormonales que afectan al estado de ánimo y al apetito.
- Alteraciones en la energía y la motivación, que pueden llevar a reducir la actividad física.
- Mayor tensión muscular, especialmente en cuello, espalda y hombros.
Estos cambios, documentados en estudios sobre fisiología invernal, explican por qué muchas personas sienten más rigidez, más cansancio o más necesidad de descanso durante esta estación.
El papel del termalismo: un aliado perfecto en invierno
Aquí es donde el invierno y Caldaria se encuentran de forma natural.
Los balnearios ofrecen un entorno ideal para contrarrestar los efectos del frío, equilibrar el metabolismo y mejorar el bienestar general. Y no solo por el placer del agua caliente: hay razones fisiológicas claras.
Contrastes térmicos: un estímulo saludable
Pasar del frío exterior a un entorno termal cálido genera una respuesta beneficiosa:
- Mejora de la circulación: el frío contrae los vasos sanguíneos y el calor los dilata, favoreciendo el retorno venoso y la oxigenación de los tejidos.
- Activación metabólica suave: los cambios térmicos estimulan el metabolismo sin el estrés del frío intenso.
- Alivio de la tensión muscular: el agua caliente reduce la rigidez y mejora la movilidad.
- Reducción del estrés: un factor clave para regular hormonas relacionadas con el apetito y el bienestar.
Actividad física sin esfuerzo
En invierno, la motivación para hacer ejercicio al aire libre suele disminuir.
Los circuitos termales, la flotación y la natación suave permiten:
- Mantener un gasto energético constante.
- Activar la musculatura sin impacto.
- Mejorar la movilidad y la postura.
- Favorecer la recuperación física y mental.
Bienestar emocional: el gran olvidado del metabolismo
El estrés, la falta de luz y la rutina invernal pueden afectar al estado de ánimo.
El termalismo ayuda a:
- Regular el sistema nervioso.
- Mejorar la calidad del sueño.
- Reducir la ansiedad y la tensión acumulada.
Todo esto influye directamente en el metabolismo y en la forma en que gestionamos la energía. Así que ya sabes, una visita a nuestros balnearios no solo reconforta nuestra mente, sino también nuestro cuerpo. ¡Visítanos ya!



