Grelos, el tesoro invernal de Galicia

Grelos, el tesoro invernal de Galicia

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Febrero en Galicia tiene un sabor propio. Es un mes frío, húmedo, de cielos bajos y aldeas envueltas en humo de lareira. Pero también es un mes de cosecha, de tradición y de identidad. Porque febrero es, sobre todo, el mes de los grelos: esa verdura humilde, resistente y profundamente gallega que ha acompañado a generaciones y que hoy sigue siendo un símbolo de nuestra gastronomía y de nuestra cultura.

Los grelos no son solo un ingrediente del cocido. Son historia, territorio, memoria agrícola y un producto de temporada que, cuando llega febrero, alcanza su mejor momento. Y en una escapada termal, cuando el cuerpo se relaja y el paladar busca sabores auténticos, los grelos se convierten en un compañero perfecto.

¿Qué son exactamente los grelos y por qué son tan gallegos?

Los grelos son los brotes tiernos de la planta del nabo, perteneciente a la familia de las brassicas. Aunque la Brassica rapa tiene origen asiático y mediterráneo, su adaptación al clima gallego ha sido tan profunda que hoy es imposible entender nuestra gastronomía sin ellos.

Su resistencia al frío, a la humedad y a los inviernos largos hizo que se convirtieran en un cultivo clave en Galicia desde tiempos muy antiguos. De hecho, las referencias más antiguas al cultivo de brassicas en Galicia se remontan al 3000 a.C., donde ya formaban parte de la rotación agrícola.

Hoy, su importancia es tal que cuentan con una Indicación Geográfica Protegida (IGP Grelos de Galicia), creada en 2009 para proteger su producción y garantizar su calidad.

Febrero: el mes perfecto para disfrutar de los grelos

Aunque los grelos se consumen durante todo el invierno, es en febrero cuando alcanzan su punto óptimo: tiernos, sabrosos y con ese amargor característico que los hace únicos.

¿Por qué febrero?

  • Porque es el momento previo a la floración, cuando el brote está más tierno.
  • Porque el frío intenso de enero y febrero potencia su sabor.
  • Porque la tradición agrícola gallega siempre los ha asociado a esta época del año, especialmente al Entroido.

En palabras de la prensa gastronómica, los grelos son “la verdura de invierno que es un símbolo en Galicia”.

Mucho más que cocido: el grelo como producto versátil y contemporáneo

El cocido gallego es, sin duda, el plato más emblemático asociado a los grelos. Pero limitar esta verdura a un único plato sería perderse un universo de posibilidades.

Los grelos aportan:

  • Sabor: un amargor elegante y profundo.
  • Textura: firme pero tierna.
  • Valor nutricional: mucha agua, fibra, minerales y vitaminas, con muy poca grasa.

Por eso, cada vez más cocineros gallegos los incorporan a recetas contemporáneas: salteados, cremas, empanadas, tortillas, arroces, pastas, revueltos o incluso en propuestas veganas. Y sí, también en ensaladas templadas de invierno, donde su carácter combina de maravilla con patata, huevo, queso fresco o frutos secos.

Grelos y tradición: un vínculo que va más allá del plato

Los grelos no son solo un alimento. Son un símbolo cultural.

Identidad agrícola: en Galicia, los grelos han sido durante siglos una verdura esencial en la dieta rural. Su resistencia al clima y su facilidad de cultivo los convirtieron en un recurso básico en épocas de escasez.

Gastronomía festiva: el lacón con grelos es un plato profundamente ligado al Entroido, a las matanzas y a las reuniones familiares de invierno. La tradición está tan arraigada que incluso documentos históricos del siglo XVII mencionan su consumo en Ourense y otras zonas del interior.

Memoria emocional: para muchos gallegos, el olor de los grelos cocidos es un viaje directo a la cocina de sus abuelas, a los domingos de invierno, a la mesa grande y al ritmo lento de la vida rural.

Ideas para disfrutar los grelos más allá del cocido

Aquí tienes algunas propuestas para disfrutar de esta verdura en invierno:

Crema de grelos con patata y aceite de oliva: suave, reconfortante y perfecta para una cena ligera tras un circuito termal.

Tortilla de grelos y queso gallego: una combinación deliciosa que realza su sabor sin perder su esencia.

Grelos salteados con ajo y almendra: un acompañamiento elegante para carnes blancas o pescados.

Empanada de grelos con bacalao: un clásico que nunca falla.

Pasta fresca con grelos y setas: una forma contemporánea de llevar esta verdura a otro terreno.

Y, por supuesto, el lacón con grelos, que sigue siendo un plato imprescindible en febrero.

Aunque los grelos tienen una historia milenaria, su futuro es prometedor. La IGP ha permitido profesionalizar su cultivo, mejorar su calidad y posicionarlos como un producto gourmet dentro y fuera de Galicia.

Cada vez más chefs los reivindican, cada vez más consumidores los buscan y cada vez más visitantes los descubren como un tesoro invernal que define a Galicia tanto como el mar, la lluvia o los bosques de carballos. Así que no lo dudes, si aún no lo haces, incorpora los grelos a tus menús. Notarás todo el potencial de su sabor.

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