¿Sabías que los mayas envenenaron su propia agua?

¿Sabías que los mayas envenenaron su propia agua?

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Seguramente habrás oído hablar, en numerosas ocasiones, de la cultura maya y de lo avanzada que era en temas sociales y culturales. Expertos en arte, astronomía o matemáticas fue una de las civilizaciones mesoamericanas que mayor relevancia tienen en la actualidad. Ocupaban lo que hoy son los terrenos que comprenden desde el centro de México, hacia el sur, Guatemala, El Salvador, Belice y la parte occidental de Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Hasta hoy perviven numerosas ruinas de aquellas espléndidas ciudades que hoy visitan miles de turistas y que nos hacen comprender la capacidad que tenían para construir impresionantes edificaciones que resisten el paso del tiempo hasta nuestros días desde el 1.500 antes de Cristo. Ciudades como Calakmul, Palenque o Copán eran los centros sociales de aquella civilización; pero hoy vamos a hablar de una ciudad en concreto, Tikal (Tik’al en ortografía maya moderno), situada en Guatemala, en plena selva de Petén y que constituye uno de los mayores centros urbanos de esta civilización y, a su vez, uno de los mayores yacimiento arqueológicos que se conocen en la actualidad. 

Yax Mutul

Yax Mutul, capital de la cultura maya

En la actualidad conocemos esta ciudad como Tikal o Tik’al pues fue este el nombre que se le dio a la ciudad cuando se redescubrió en el año 1840. Su nombre proviene,  de la conjunción de las palabras ti ak’al (en idioma maya yucateco) que significa ‘el pozo de agua’. Pero en realidad la ciudad se llama Yax Mutul o Yax Mutal que significa ‘primera mutal’. A toda esta región se le conocía como Mutul por lo que, cuando los mayas construyeron esta ciudad, pretendían que fuese la primera y más importante de toda la región, dándole ese nombre que sabemos hoy en día por lo glifos hallados en sus ruinas.

Pues bien, Yax Mutul o Tik’al era una ciudad espléndida que abarcaba unos 16 kilómetros cuadrados y que llegó a albergar una población de unas 200.000 personas. Fue una ciudad impresionante con casi 3.000 construcciones que se construyeron bajo una dinastía, la Tikal, que gobernó durante 800 años y que pudo ver, a lo largo de su historia, hasta 33 gobernantes.

Ruinas de Tikal

El abandono de Tikal 

A pesar de sobrevivir más de 1.000 años (se cree que se construyó en torno al 200 antes de Cristo y pervivió hasta el 900 después de Cristo, finalmente, la ciudad de Yax Mutul colapsó. Hasta ahora se creía que la superpoblación de la ciudad sumada a la decadencia agraria había hecho que sus habitantes abandonaran la ciudad. Pero ahora se sabe que, quizá, hubo otro motivo por el que esta ciudad tan próspera se abandonó: su agua contaminada.

A pesar de ser una de las principales ciudades del momento, Tikal no tenía agua potable cercana de ríos o manantiales de la que surtirse. El agua que se utilizaba en la ciudad era recogida de la lluvia en grandes depósitos destinados a ello. Pues bien, un reciente estudio publicado en la revista científica ‘Nature’ asegura que fueron los propios mayas quienes, sin querer obviamente, envenenaron su agua hasta el punto de tener que abandonar la ciudad por falta de ella. 

Mercurio en el agua 

Investigadores de la Universidad de Minnesota y Cincinatti tomaron muestras de agua de los depósitos en los que esta se recogía y las conclusiones fueron muy claras: el agua contenía altos niveles de mercurio además de numerosas cianobacterias. Su consumo, además de ser desagradable (aquellas aguas no tendrían un buen sabor) podría enfermar a la gente considerablemente. El agua no potable fue, entonces, la gota que colmó el vaso de una ciudad superpoblada y diezmada por las plagas y las guerras. Por eso decidió abandonarse.

Ruinas mayas

El hecho de que hubiese cianobacterias (algas tóxicas) no era tan raro pero sí un hecho que sumado al del mercurio convertía el agua imbebible. Las cianobacterias son capaces de pervivir incluso al hervido del agua y provocan numerosas enfermedades. Pero, ¿y el mercurio? Después de un exhaustivo estudio se llegó a la conclusión de que el mercurio del agua de Tikal no era de origen natural. Es decir, no provenía naturalmente de las zonas volcánicas cercanas que pudieran haber envenenado el agua naturalmente, sino de un pigmento que los propios mayas elaboraban para pintar sus casas o utilizar en ceremonias funerales: el cinabrio. Este mineral en forma de polvo rojizo estaba compuesto por azufre pero, en su mayoría, por mercurio. Pues bien, sobre todo en la temporada seca, que se acumulaba más agua de la lluvia en estos depósitos, esta se veía contaminada por este polvo que cubría las fachadas de todas las construcciones de la ciudad, sobre todo en el centro de ella. El cinabrio contaminó el agua y los ciudadanos, sobre todo aquellos más pudientes que era para los que se recolectaba el agua, comenzaron a enfermar. Eso, sumado a la falta de agua natural y a las prolongadas sequías, además del resto de condiciones fue la causa de que los mayas abandonasen la ciudad con intención de vivir en lugares mejor o, al menos, con agua potable.

Aun hoy se puedan visitar estas impresionantes ruinas mayas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1979 y que se encuentran dentro del Parque Nacional Tikal, espacio selvático en el que viven más de 50 especies de mamíferos y más de 300 tipos de aves. Un lugar impresionante en la Tierra que no debemos dejar de visitar si tenemos oportunidad y la pandemia por coronavirus nos deja.

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